El racismo[1] en el Perú se presenta en todos los espacios. Desde las decisiones políticas sin previa consulta con la “otra raza”[2] (baguazo) hasta la no inclusión de “la otra raza” en esa nefasta Marina de Guerra del Perú. Desde el discurso “lúcido” del varias veces postulante al Premio Nobel de literatura (MVLL)[3] hasta el personal de limpieza[4]. Así, repito, en todos los espacios.Este odio racista también se ha reflejado en la guerra interna de la década del 80: 1) Mientras morían los de la “otra raza” a nadie se le ocurrió que la guerra era intensa. La percepción cambió cuando la guerra llegó a Lima y la muerte tocó la puerta de los que no eran de la “otra raza”. 2) Las mayores masacres de parte de agentes del Estado se dio en lugares donde los de la “otra raza” vivían. “Los años 1983 y 1984 fueron de gran intensidad en cuanto a las violaciones de derechos humanos en la zona de Huanta, como consecuencia del accionar del PCP - SL y de la respuesta indiscriminada de las Fuerzas Armadas, en particular de la Infantería de Marina que el 21 de enero de 1983 estableció su Cuartel General en el Estadio Municipal de la ciudad de Huanta”[5]. La Marina podía desaparecer, asesinar, torturar a la “otra raza” sin que el discurso oficial se pronuncie sobre ello.
Ahora bien, el tema del odio racista ha sido desarrollado de manera magistral por Dante Castro en su cuento “Parte de combate”[6], donde un oficial de una patrulla del Ejército muestra un odio terrible hacia el hombre andino hasta el punto de rodearse solo de soldados que él consideraba de su condición étnica. “Inculcó en los nuestros el racismo y empezó a trasladar a los subalternos de origen andino. Nos hizo sentir diferentes al resto y si por mala suerte tenía a un serrano bajo su mando, lo maltrataba y vejaba hasta que el pobre pedía su traslado o desertaba” (46). Ese odio hacía que “Solo pensaba en matar, en acabar con el enemigo así tuviera que aniquilar a toda la población de la vecindad” (43). Tal actitud fue en realidad una práctica casi normal entre los agentes del Estado, por ello es que comunidades enteras fueron arrasadas. Fosas comunes con hombres andinos enterrados. La práctica de “un terrorista muerto justifica cien civiles muertos” no fue cuestión de la ficción solamente. Y no se trataba de todos los “civiles”, sino de los de la “otra raza”, dado que esta práctica se desarrolló contra las comunidades andinas principalmente por ser consideradas diferentes al discurso oficial. Casi no humanos. Discurso muy antiguo en la historia del Perú que hace que se pueda eliminar al de la “otra raza” sin remordimiento alguno. Delitos que no son considerados tales en la práctica porque hasta hoy muchos responsables de tales masacres continúan sin sanción en una sociedad altamente racista; sin embargo, Dante Castro dentro de la ficción ha encontrado la forma de sancionar a ese personaje asesino. “Míralo sin piernas y sin huevos, pregúntale qué se siente estar así” (48). Sobre todo si le han quitado su condición de “macho”, porque eso “era peor que estar muerto” (43) dado que la hombría ese es un rasgo fundamental en el ambiente militar. Final exacto para quien haya derramado la sangre de la “otra raza”. El asesino ha sido sancionado ejemplarmente, aunque en la historia de la guerra muchos sorias anden sueltos. Y si han sido juzgados y sentenciados algunos, ya se les prepara un “olvido y perdón” porque se trata solo de muertos de los de la “otra raza”. ¡Qué tal raza! ¡Carajo!
[1] El problema del racismo en realidad es un fenómeno mucho más complejo. Ya Mariátegui señalaba que “Económica, social y políticamente, el problema de las razas, como el de la tierra, es, en su base, el de la liquidación de la feudalidad”. Ideología y política. Biblitoeca Amauta. 1981. Pág. 21.
[2] En el caso del moqueguazo, lo mismo. El general que no se prestó a la masacre de la “otra raza” fue sancionado. De lo contrario seguramente habría sido condecorado.
[3] El informe de la comisión Uchuraccay estuvo plagada de prejuicios racistas.
[4] Lo de personal de limpieza es una referencia que hace Constantino Carvallo en su libro Diario educar (Santillana 2005, pág. 156), donde hay “un odio en la señora que les prepara el refrigerio, en la que limpia en la mesa donde comen”, pero “sirve con gusto al blanco, al rubio, al diferente”.
[5] CVR. Informe Final. Tomo 7. http://www.cverdad.org.pe/. Pág. 119.
[6] Este cuento pertenece al libro Parte de combate (1989), ediciones Manguaré, Lima.
NVP
Lamentablemente, creo que en la presente sociedad se quiere borrar todo vestiguio de una raza que dío un ejemplo admirable de grandeza en los diferentes campos del saber; económía, moral,políca, colectivismo , arte , cultura,ingeniería, etc.A pesar de ser una sociedad esclavista, ya que otros que no supieron ni siquiera imitar;es decir, lúmpenes occidentales que no sembranon ningún árbol,no extrajeron ningún trozo de mineral con su esfuerzo ni tuvieron ninguna gota de honestidad; sólo se dedicaron a extermiar a los originarios de 12 o más millones de habitantes hásta sólo 2 o menos millones de estos.Y el fruto son estos que venden en parcelas las tierras sin pregunatar ni siquiera a sus dueños, pudriendose en una corrupción degeneradora e imponiendo con falacias el individualismo egoista a la fuerza y su miserable aporte al desarrollo fue escribir tirrios párrafos con míseros menjes de cambio y ojeticidad. Pero esto tiene un final en esta amalgama de dolor y sangre que forjara una ruta de reconquista de la moral y trabajo colectivo. Sí, nuestra raza no ha sido exterminado, volverá con un conocimiento cientíco ,con temple de acero y corajudo para con las armás del saber , el amor al trabajo , a la honestidad y a la justicia, haremos un sociedad grande, fuerte y libre de alienación, corrucíon y pereza. ¿Esto es racismo?
ResponderSuprimirEl corolario de toda esta situación se resume en las palabras de la señorita Rafael Rey, pidiendo perdón y clamando por la "no persecución" de los militares genocidas que torturaron, quemaron vivos y asesinaron a cientos de miles de compatriotas de los caseríos serranos e incluso de la costa y la selva, pobres. Este maricón, Rey, no contento con servir fielmente al genocida García y sus compinches de la marina (genéticamente traumada), ha iniciado hace tiempo una cruzada para lograr la absoluta impunidad de los militares que combatieron suciamente en la guerra interna, mientras la inservible Comisión de la Verdad y Reconciliación, presidida por un judío rabanito, no sanciona efectivamente a los deudos de las víctimas de la guerra.
ResponderSuprimir¿Quién novelará a esta señorita llamada Rafael Rey Rey, opusdeista infame, huelepedo de los marinos?
El castigo literario del genocida protagonista de Parte de Combate es magistral. He conocido a uno, que ha tenido un final exactamente igual. Ahora, sumido en la indigencia y la impotencia total, es un paria renegado que vive de la caridad pública.
Dante Castro es un narrador popular, inmerecidamente poco difundido.
B.A.S.