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lunes 19 de julio de 2010

Flor de retama

Esta canción, de autoría de Ricardo Dolorier, representa la lucha de los pueblos por la conquista de sus derechos y no, las acciones de quienes se alzaron en armas en la década del 80, como algunos creen. Incluso se utiliza la caja boba para vociferarlo: Aldo Mariátegui hace algún tiempo dijo en su programa matinal que Flor de retama era subversiva. Sin embargo tal afirmación no tiene asidero, porque sus letras fueron escritas una década antes de la quema de ánforas en Chuschi.

Flor de retama es un homenaje a los huantinos que protestaron masivamente en 1969 contra el decreto que recortaba la gratuidad de la enseñanza (DS-006), a lo que el Gobierno de Velasco ordenó la intervención de sus sicarios (sinchis), con un saldo de varios muertos. Eso demuestra además que los muertos de bala en Ayacucho ya existieron antes de 1980.

Dado los hechos de represión, Ricardo Dolorier no se quedó mudo, sino que escribió Flor de retama, ensalzando el espíritu luchador de los huantinos: “La sangre del pueblo tiene rico perfume. Huele a jazmines, violetas, geranios y margaritas, a pólvora y dinamita”. Se trata de la sangre derramada de hombres que protestaron contra el Gobierno velasquista, de corte fascista: por su combatividad en las calles y de ninguna manera hace alusión a la “guerra popular” planteada por los senderistas, ya que el PCP- SL en esa época aún no tenía partida de naciemiento. La escisión del PC-Bandera Roja, que lo generaría, aún no se había dado.

La canción, además de ser una denuncia contra los asesinos (sinchis), simboliza la esperanza. No es una canción solo trágica, sino que, a partir de un hecho trágico, nos señala la esperanza, por eso nos dice: “Donde la sangre del pueblo, ay, se derrama. Allí mismito florece, amarillito, amarillando, flor de retama”. No en vano es la lucha de un pueblo: da sus frutos. En el caso específico del DS-006, este fue derogado dado las circunstancias.

Sin embargo, luego de los sucesos de Chuschi, esta canción fue vinculada con los senderistas o emerretistas. No solo esta, porque hubo muchas canciones de “contenido social” que se prestaba a tales interpretaciones. Pero en el caso de Flor de retama fue mucho más la “sospecha de apología” dado que, en ella, la “pólvora y dinamita” se había hecho música.
NVP

2 comentarios:

  1. Interesante testimonio de Colchado. En una entrevista que respondí al mismo Niko Velita en el 2009, me referí en estos términos a Rosa Cuchillo: “Carretera al Purgatorio de Zeín Zorrilla y Rosa Cuchillo de Colchado reflejan dos formas distintas de entender la migración y la guerra civil, uno por el lado del que se adapta al medio adverso y sigue adelante y otro desde una posición neo indigenista, ambos con maestría y honestidad artística. Los cuentos para niños de Oscar —los lee mi hija— son magistrales (¡ya basta de idioteces de Disney y pasteurizadas Pocahontas!) y aunque para mi gusto idealiza demasiado el pasado incaico, la novela Rosa Cuchillo te conmueve hasta el llanto.” Esa es mi opinión y la mantengo.

    Sin embargo, debo manifestar mi más profundo desacuerdo con las palabras que Oscar suscribe en el presente artículo, englobando en un solo saco, perro, pericote y gato: “Y tuve la suerte o la mala suerte, no sé, de que mi trabajo saliera en el Agustino, un lugar poblado, en realidad, de ese entonces por los años 80 de delincuentes, de terroristas, de gente de mal vivir y también de gente muy buena, muy noble.”

    Estimado Oscar, delincuentes, terroristas y gentes de mal vivir, existieron y existen en todo lado. No sólo en El Agustino. A amontonar “delincuentes”, “terroristas” y “gentes de mal vivir”, como que consideras a todos la misma canalla y merecedores de rehabilitación y/o cárcel, sin tener en cuenta la connotación política del segundo epíteto. Hay que tener cuidado con las comas, estimado Oscar, sobre todo si de apostrofar se trata. Me viene a la mente la letra de aquella canción de La Polla Records, DELINCUENCIA: Cargáos, la delincuencia, es una plaga social, una raza despreciable, una raza a exterminar, banqueros unos ladrones, sin palancas y de día, políticos estafadores, juegan a vivir de ti, fabricantes de armamentos, eso es jeta de cemento… las religiones calmantes y las bandas de uniforme…la droga publicitaria, delito premeditado, y la estafa inmobiliaria, delincuencia, delincuencia, es la vuestra, ¡asquerosos!, delincuencia, vosotros hacéis la ley…¿Quiénes entonces delinquen?

    Por otro lado, repito lo que manifesté en el blog de Rodolfo Ybarra a propósito de una respuesta tuya a mi buen amigo Niko Velita, siempre con el mejor ánimo:

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  2. “Muy enriquecedora la conversación con Mark Cox. Tengo a la mano el excelente Sasachacuy Tiempo y, es cierto, Cox fustiga duramente a los representantes de la narrativa hegemónica, criolla, pituca, o como quiera llamársele, pero MALA LITERATURA por donde se la mire. Muy a pesar de los escritores que se regodean narrando sobre el gran dolor que vivió nuestro pueblo en estos últimos años, resulta gratificante saber que existen 306 cuentos, 68 novelas y 165 escritores que vienen ficcionando sobre el tema de la violencia interna. Y surgirán más todavía y es un deber de todo aquél que se pretenda escritor leer a aquellos a quienes se les ha negado el derecho a la palabra. Por ese motivo me he sentido asombrado al leer ciertas afirmaciones que hace el narrador Oscar Colchado Lucio en el blog del excelente poeta Niko Velita.
    No soy quien para pontificar sobre los insólitos gustos literarios de Colchado. Pero creo que tengo el derecho de expresar mi opinión, respecto a un tema tan candente como el de la narrativa de la violencia política. Velita pregunta a Colchado sobre cuáles cree él que son los escritores que mejor han narrado la violencia interna. Él le responde que, de los que ha leído (ojo, a esto), considera que Cueto, Roncagliolo y Vargas Llosa son los que mejor han graficado la violencia interna.
    Me asombra el nivel de descaro de la respuesta del autor de los Cholitos y de una novela que a mí particularmente me gustó mucho, Rosa Cuchillo. Respuesta desfachatada, considerando tan sólo las meras estadísticas (306 cuentos, 68 novelas y 165 escritores) que consigna el crítico Mark Cox acerca de la producción literaria sobre la guerra interna, y que Colchado por lo menos debería conocer en un mínimo porcentaje. La opinión de Colchado sólo demuestra que el ancashino se esmera en publicitar su pésimo gusto literario o es un mediocre lector de literatura peruana o ambas cosas a la vez, porque la insolencia e ignorancia de esa respuesta a mí todavía me tienen pensativo.
    Lo más increíble de la opinión de Colchado es que líneas antes, a la letra, dice:
    “En el Perú lo malo de la proliferación de textos novelísticos en los últimos años, es que muchos de ellos —por no decir la mayoría— apuntan más a la venta, la comercialización, que a la interrogante, ¿qué ocurrió realmente en el Perú?”
    Y seguidamente responde, en total contradicción consigo mismo, a Velita:
    “NVP: ¿Qué autores cree que han trabajado mejor la temática de la guerra interna?
    OCL: Entre los autores que yo he leído podría citar a Mario Vargas Llosa (Lituma en los Andes), Santiago Roncagliolo (Abril Rojo), Alonso Cueto (La hora azul) y algunos otros de menor calidad.”
    ¡Plop!

    Rafael Inocente

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